México Hoy en Día
Ésta es la pregunta que más frecuentemente se nos formula a los que vivimos fuera de México en estos días. El tema de la violencia y la inseguridad domina lo que significa México en el imaginario de los extranjeros. Por supuesto que saben sobre las playas, la comida y la riqueza cultural. Por eso siguen llegando como turistas, no obstante la terrible imagen externa que los tres años de "guerra" contra el narco han generado. La información que tienen en EU sobre la violencia en nuestro país no proviene sólo de lo que ven en los noticieros vespertinos, siempre en busca de la nota espectacular, sino también de los travel advisory emitidos por el Departamento de Estado que se leen como diagnósticos de la situación general del país, y no sólo de los lugares específicos que son señalados.
Mi respuesta a la pregunta sobre el riesgo en el país es generalmente la misma: la violencia se encuentra localizada en lugares específicos donde el crimen organizado pugna por rutas o territorios, pero la mayor parte del país es seguro, o por lo menos tan seguro como lo ha sido en las últimas dos décadas. De hecho, les comento que la ciudad de México se siente más segura que desde hace mucho, y que he viajado, haciendo trabajo de campo por Oaxaca y Chiapas, o visitando algunas de las playas en vacaciones, sin ninguna dificultad ni percance. Pero siempre quedo con un dejo de incomodidad con mi respuesta, pues siento que estoy reprimiendo una pequeña parte de la información relevante que me están pidiendo. Siento una responsabilidad de no traicionar a los miles de mexicanos que dependen en sus ingresos de un flujo regular de visitantes del exterior. Pero sé que uno de los aspectos más preocupantes de lo que pasa en México hoy en día es la facilidad con que lugares perfectamente seguros se vuelven imposibles para vivir de un día para otro, o que el miedo y la inseguridad que viven los residentes de Monterrey no es poca cosa, y que tener más ejecuciones que los muertos en Afganistán dimensiona el conflicto en México más cerca de lo que sucede en las guerras civiles que simplemente una escalada de la violencia "normal" de otros tiempos.
Pero la prueba más difícil vino cuando una madre de la escuela me escribió preocupada porque se planeaba, como todos los años, el viaje de graduación de secundaria, llevando a los niños una semana a un pequeño pueblo en Michoacán. La mayoría de los padres y madres, exhibiendo su cosmopolitanismo y tolerancia, estaban a favor de realizar el viaje. Una minoría, que incluía a los que mejor conocían México o tenían amigos mexicanos, estaban preocupados. Claramente se necesitaba más información. Revisé los mapas de la Secretaría de Gobernación y ese municipio en particular no está catalogado como uno de los 164 lugares más peligrosos del país. Tampoco encontré ejecuciones reportadas en una búsqueda en los archivos de los diarios disponibles en línea. Pero una simple búsqueda en Google reveló los incidentes de violencia más recientes: un arsenal encontrado en una casa de seguridad, un miembro del cabildo secuestrado por un par de días.
¿Mandaría usted a su hija de 14 años a un pintoresco pueblo mexicano sabiendo que no hay reportes de violencia extrema, pero existen signos indicando presencia del crimen organizado? Quizá los incidentes recientes en ese municipio no son más que condiciones típicas de cualquier pueblo mexicano, donde pasan cosas, pero en general la vida es apacible y tranquila. Cuando visitamos un pueblo típico mexicano nos hemos acostumbrado a no tomar el agua para no enfermarnos de diarrea, a pesar de que es responsabilidad del Estado asegurarse que el agua sea potable y se pueda beber. Hasta los turistas saben tomar estas precauciones. De la misma forma, quizá nos hemos acostumbrado a que haya arsenales, secuestros y otros pequeños incidentes violentos, no obstante la responsabilidad del Estado de velar por nuestra seguridad. Los turistas no serán tan benignos en el ámbito de la seguridad pública. Pueden ir cargando botellitas de agua, pero no pueden proveerse de seguridad por sí mismos.
No alcancé a hablar con la madre reportándole las conclusiones de mi breve investigación. La escuela decidió no tomar riesgos y canceló el viaje a México. Pienso en cuántas escuelas por todo Estados Unidos estarán ponderando una decisión similar. Y en las personas y familias que perderán sus fuentes de sustento. Y veo un anuncio de la millonaria campaña publicitaria del Consejo de Promoción Turística que dice: "México, el lugar que usted pensó que conocía".
Director del Centro de Estudios Mexico-estadounidenses de la Universidad de California, San Diego (UCSD)
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